El impacto de la pandemia en las personas con trastornos alimentarios y obesidad

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El Dr. Fernando Fernández-Aranda es investigador principal del Grupo de Psiquiatría y Salud Mental del IDIBELL, coordinador de la Unidad de Trastornos Alimentarios del Hospital Universitario de Bellvitge y Jefe de Grupo del CIBER de Obesidad y Nutrición.

Actualmente es editor jefe de la revista European Eating Disorders Review, revista que el mes de octubre publicó un número especial centrado en el impacto de la pandemia y el confinamiento en pacientes con trastornos alimentarios y obesidad. Hemos hablado con el Dr. Fernández-Aranda de este especial y las reflexiones que han extraído.

 

¿Qué os ha llevado a preparar este número especial? ¿Cuáles han sido vuestras motivaciones?

 

Este ha sido un número especial que tuvimos interés en diseñar en el mes de marzo, con el estallido de la pandemia. En ese momento, vimos que la pandemia y el confinamiento estaban teniendo un impacto muy grande sobre los pacientes con trastornos alimentarios y obesidad, por eso con colegas de instituciones de 19 países diferentes decidimos preparar una editorial, que también se publicaría el European Eating Disorders Review.

En esta primera editorial quisimos incorporar una serie de recomendaciones para pacientes, familiares y terapeutas, y en poco tiempo se convirtió en el artículo más descargado de la revista, llegando hasta 10.000 descargas.

A partir de esta primera editorial fueron apareciendo muchos otros artículos que trataban el tema de manera general, así que decidimos volver a colaborar para tratar el tema a fondo, con datos, con resultados y con conclusiones sólidas. Desde aquel momento trabajamos con grupos internacionales para recoger información y aportar datos reales de pacientes. Para ello creamos un formulario, que se tradujo a 19 idiomas, para recoger de manera sistemática los datos de los pacientes.

En junio ya teníamos todos los datos recogidos y analizados, y de éstos extrajimos el conjunto de artículos que forman parte de este especial. Queríamos saber cómo la pandemia estaba afectando a los pacientes y sus familiares, al tiempo que identificábamos vulnerabilidades, y extraíamos aprendizajes para futuros confinamientos. El resultado ha sido la creación de una serie de herramientas que nos pueden servir para recoger información sistemática a escala internacional, y así poder reaccionar más adecuadamente y con menos dolor en el futuro.

 

¿Por qué las personas con trastornos alimentarios u obesidad se ven más afectados por la pandemia?

 

Antes de la pandemia y el confinamiento teníamos una vinculación constante con los pacientes, tratamientos en marcha en los que los pacientes habían puesto sus esperanzas, y de repente todo esto se vio alterado, parecía que hubiera que empezar desde cero. Tuvimos que adaptarnos a la nueva realidad, y aunque lo hicimos bastante rapido, llevó tiempo. Todo esto supuso un cambio de rutinas en los tratamientos que afectó a los pacientes.

Aparte, el confinamiento comportaba otros retos que nuestros pacientes tenían que superar. Por ejemplo, muchos de ellos, con anorexia nerviosa utilizan la actividad física, no sólo para sentirse mejor, sino también como estrategia para perder peso. En estos pacientes el confinamiento y la incapacidad de hacer deporte les suponía un problema, y ​​utilizaban la restricción alimentaria para evitar subir de peso. Esto conllevó la aparición de casos mucho más severos de lo esperado.

Otro ejemplo son los pacientes con bulimia o trastorno por atracón. En el confinamiento tenían mucho más acceso a diferentes tipos de alimentos, lo que conllevaba que ante situaciones difíciles o emocionales utilizaran la alimentación más a menudo como válvula de escape.

También el confinamiento comportaba la disminución del contacto social, contacto que muchos de ellos utilizaban para comunicarse y afrontar situaciones que no sabían cómo abordar. Esto sumado a la angustia y el miedo por un futuro incierto en una situación familiar concreta, que no siempre era la más favorable.

 

¿Cuáles han sido los aspectos de la pandemia que más han afectado este tipo de pacientes? El aislamiento, la incertidumbre, el cambio de rutina, el miedo, ¿…?

 

No ha habido un aspecto en concreto, se han visto afectados por todo el conjunto.

Por ejemplo, la incertidumbre era una emoción que nos afectaba a todos, pero quizás especialmente a ellos. Este tipo de pacientes suelen ser muy controladores, especialmente en anorexia, quieren saber que pasará hoy, mañana, pasado mañana y el otro, lo que era más difícil de controlar durante la pandemia, lo que les afectaba negativamente.

 

El aislamiento ha hecho que reemplacemos el contacto social directo por el contacto virtual. ¿Qué consecuencias ha tenido este cambio?

 

Esto ha provocado un aumento de consumo de las redes sociales en busca de este nuevo contacto, lo que ha llevado a que algunos pacientes se compararan mucho más de lo habitual o, incluso, en algunos casos, utilizaran las redes sociales para gestionar emociones negativas. Es decir, estaban teniendo mucho más impacto algunas conductas que tal vez no eran muy adecuadas.

También es el caso de los videojuegos o las series, el cierre ha permitido hacer un consumo pasivo de estos durante 8 o 9 h diarias, que no era el más adecuado para ellos.

 

¿Habéis observado un aumento en los casos de trastornos alimentarios?

 

Alrededor de esta cuestión hay dos situaciones importantes para tener en cuenta.

Por un lado, hay casos ya diagnosticados que han empeorado mucho su situación y sus síntomas durante el confinamiento. En cambio, hay otros que el aumento del control externo por parte de la familia con la que convivían les ha ido bien.

Y, por otro lado, en la población en general encontramos personas que quizás todavía no tenían un problema pero que se encontraban en situación de riesgo, y la situación actual les ha llevado a utilizar la alimentación como válvula de escape, lo que ha acabado desencadenando el problema.

 

Ahora estáis viendo los efectos más inmediatos. ¿prevéis que pueda haber consecuencias a largo plazo?

 

Clarísimamente.

Hay pacientes a los que el confinamiento les ha afectado ya que en esa situación el tratamiento no ha dado los resultados deseados. Esto es una carga añadida para ellos, ya que tienen que asumir un tratamiento más que no ha dado resultado, cuando evidentemente esto se ha generado por una situación que nadie esperaba y fuera de su control.

Por otra parte, los miedos, la ansiedad, la incertidumbre, y las situaciones personales que han vivido los pacientes son las mismas que hemos vivido todos. Son personas que, como todos, han tenido problemas durante la pandemia, tal vez ha muerto un familiar o han perdido el trabajo, situaciones para las que no tienen tantas herramientas.

 

De todas las consecuencias que habéis visto que tienen los pacientes después del confinamiento. ¿Qué es lo que más os ha sorprendido?

 

Puede que haya un resultado positivo, y es que hay pacientes que no han empeorado, que han sabido utilizar toda una serie de herramientas, movilizar recursos de los que ni ellos eran conscientes. Y con ello ha aparecido la resiliencia. Por lo tanto, esto está bien, porque también nos orienta a nosotros sobre las conductas positivas que evitan un empeoramiento.

 

¿Cuál de las herramientas que habéis generado destacarías?

 

Gracias a este esfuerzo conjunto que ha llevado a la creación del número especial hemos podido generar una escala para medir el impacto que puede tener el confinamiento en los pacientes y en su ámbito familiar. Una escala validada y traducida a 19 idiomas al alcance de todos, ya que este número es gratuito.

Necesitamos movernos entre todos para avanzar, ya que a pesar del confinamiento y el distanciamiento físico, necesitamos contacto social, contacto entre los investigadores, incluso más a menudo de lo que hacíamos antes. Los webinars, congresos virtuales y todo este tipo de eventos telemáticos son una manera de mantenerse actualizado y al mismo tiempo mantener el contacto social.

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