El impacto de la COVID-19 en la investigación, análisis del Dr Capellá un año después del estallido de la pandemia

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Desde el inicio de la pandemia de COVID-19, las comunidades sanitarias y científicas han realizado un esfuerzo formidable para responder, dentro de sus capacidades, a una situación global sin precedentes, de evolución rápida, de una enorme complejidad, y con un potencial deletéreo elevado.

Esta situación ha llevado a los gobiernos a darse cuenta de nuevo de la importancia de un sector sanitario fuerte y bien dotado, al redescubrimiento de la epidemiología y la salud pública y a confirmar la necesidad de disponer de un sistema de investigación potente que pueda dar evidencias científicas que ayuden a los ciudadanos y las autoridades a tomar las decisiones más acertadas para enfrentarse de manera efectiva a, por ejemplo, una pandemia.

 

El foco en COVID-19

En marzo de 2020 empezó una actividad frenética en el campo de la COVID-19 tanto en investigación clínica como en investigación traslacional o básica. Los investigadores clínicos han diseñado estudios observacionales y ensayos clínicos y han reclutado pacientes a una velocidad sin precedentes. Los gobiernos se han centrado en la urgente necesidad de investigar sobre esta enfermedad.  Se han movilizado una cantidad ingente de recursos públicos y privados en tiempo récord. Esta urgencia ha puesto a prueba la calidad de las evaluaciones. Es impresionante el número de artículos publicados sobre COVID-19 en los últimos 10 meses, más de 75.000 solo en 2020, por lo que será particularmente importante que el sistema de rendimiento de cuentas sea exigente para velar por el uso eficiente de los recursos. También se ha confirmado que es muy importante mantener la unión de la investigación básica, traslacional y clínica si queremos realizar una investigación que cambie nuestra práctica asistencial.

«Los investigadores clínicos han diseñado estudios observacionales y ensayos clínicos y han reclutado pacientes a una velocidad sin precedentes»

 

¿Las otras investigaciones han pagado el peaje?

Las principales actividades de investigación que no están relacionadas con la COVID-19 se han reducido de manera significativa o se han suspendido por completo debido a las restricciones legales relacionadas con la pandemia o a los problemas logísticos, de personal u operativos.

Es innegable, que el impacto inicial en la investigación clínica fue notable. Por un lado, fue necesario que los y las pacientes ya en estudio fueran seguidos en condiciones que garantizasen su seguridad, redefiniendo los criterios de inclusión para por ejemplo requerir tests SARS-CoV2 o la realización de las vistas en áreas libres de la COVID. Por otro lado, se tardó un tiempo en garantizar la seguridad de los pacientes que entraban en nuevos estudios y los requerimientos de los promotores se tuvieron que reformular para dar tranquilidad a los investigadores de que no ponían en riesgo a los pacientes. Una vez adaptados a la nueva normativa, el esfuerzo realizado por los equipos de investigación ha mitigado en gran medida el parón de varios meses que representó la irrupción de la pandemia.

«Una vez adaptados a la nueva normativa, el esfuerzo realizado por los equipos de investigación ha mitigado en gran medida el parón de varios meses que representó la irrupción de la pandemia»

Cuando la disponibilidad de tests y equipos de protección individual era un problema muy grave y el confinamiento era estricto, el sistema de investigación se adaptó de un día para otro al trabajo desde casa, contribuyendo de manera solidaria a la disminución de la interacción social, como los profesionales de tantas otras disciplinas. En la mayoría de los casos se optó por limitar la presencialidad a lo definido como esencial: no perjudicar experimentos en marcha y mantener la investigación en COVID-19. En ese momento se abrió el debate de si la investigación no COVID-19 era una actividad esencial.

Fueron necesarios unos cuantos meses para poder volver a una actividad presencial significativa en condiciones seguras. En los casos en que había datos experimentales pendientes de procesamiento, estos meses han servido para elaborarlos y enviar manuscritos a publicación. Pero conforme los meses pasaban y continuaban las restricciones de aforo, algunos de los miembros de los equipos de investigación han perdido el entusiasmo y su rendimiento se ha resentido al no ser posible obtener más datos experimentales. Todavía no podemos calibrar el impacto psicológico en los equipos de investigación sobre todo en personas que viven solas o alejadas de sus familias. A la vez, sabemos de la dificultad de mantener los equipos cohesionados cuando solo se dispone la comunicación virtual a lo largo de tantos meses.

 

Los retos de la integridad, la comunicación honesta y el buen asesoramiento

No sabemos si la integridad de la investigación ha sido una víctima de la pandemia. La urgencia en obtener resultados ha de ser compatible con una investigación de calidad realizada en condiciones éticas y de integridad científica adecuadas. Conseguirlo es una responsabilidad compartida del personal científico y de los ámbitos de gestión y de financiación.

Los científicos también tenemos la responsabilidad de difundir nuestro conocimiento de forma honesta y responsable. En estos meses se ha acelerado la difusión de un número muy elevado de comunicaciones científicas en repositorios públicos antes de su revisión. Deberíamos saber comunicar que el conocimiento científico es complejo y a la vez provisional. Esto es particularmente importante cuando la comunidad investigadora ha enviado mucha información de manera directa a las redes sociales sin evaluación previa. Es todavía pronto para saber si lo hemos hecho bien.

«Deberíamos saber comunicar que el conocimiento científico es complejo y a la vez provisional»

Finalmente, esta pandemia también nos ha recordado que los científicos debemos asesorar a las instituciones públicas y a la sociedad de manera transparente y estructurada sabiendo separar el asesoramiento de las decisiones políticas.

Es evidente que el impacto de la COVID-19 sobre la investigación ha sido grande y probablemente todavía no somos capaces de ver todas sus consecuencias tanto las positivas como las negativas. Ahora que ya estamos entrando en la denominada nueva normalidad y en medio de una crisis económica y social muy grave nuestros gobernantes tienen el reto de confirmar que una apuesta fuerte por la asistencia y la investigación biosanitaria es una de las bases de la reconstrucción de nuestro país. Nosotros los científicos deberemos estar a la altura convencidos de que el conocimiento que generamos es fundamental para que nuestra sociedad esté preparada para el reto de futuras pandemias.

 

 

El Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (IDIBELL) es un centro de investigación en biomedicina creado en 2004. Está participado por el Hospital Universitario de Bellvitge y el Hospital de Viladecans del Instituto Catalán de la Salud, el Instituto Catalán de Oncología, la Universidad de Barcelona y el Ayuntamiento de L’Hospitalet de Llobregat.

El IDIBELL es miembro del Campus de Excelencia Internacional de la Universidad de Barcelona HUBc y forma parte de la institución CERCA de la Generalitat de Catalunya. En 2009 se convirtió en uno de los cinco primeros centros de investigación españoles acreditados como instituto de investigación sanitaria por el Instituto de Salud Carlos III. Además, forma parte del programa «HR Excellence in Research» de la Unión Europea y es miembro de EATRIS y REGIC. Desde el año 2018, IDIBELL es un Centro Acreditado de la Fundación Científica AECC (FCAECC).

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