El peligro de actitudes contrarias a la vacunación para el futuro de la pandemia de la Covid-19

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Cuando ya se ha superado la cifra de cuatro millones de contagios por el nuevo coronavirus en todo el mundo, la comunidad científica trabaja a contrarreloj para desarrollar una vacuna que permita dejar atrás la pandemia. “La primera opción para conseguir interrumpir la transmisión de la infección es sin duda la profilaxis masiva y se están realizando esfuerzos ingentes para desarrollar y evaluar la eficacia de diferentes tipos de vacunas”, explica Xavier Bosch, médico del Institut Català d’Oncologia (ICO), investigador en el Institut d’Investigació Biomèdica de Bellvitge (IDIBELL) y profesor de la Universidad Oberta de Catalunya (UOC).

Sin embargo, algunas personalidades han difundido mensajes rechazando una posible futura vacuna y una encuesta realizada en Francia en marzo identificó que un 26% de los encuestados eran reticentes u opuestos a aceptar la vacunación contra la Covid-19. Afortunadamente, 8 de cada 10 personas reconocen que estos tratamientos son eficaces y seguros, según confirmó el estudio Wellcome Global Monitor.

 

Escepticismo sobre las vacunas: efectos de alcance global

 

Según Assumpta Company, también médico en el ICO, investigadora en el IDIBELL y profesora de la UOC, “el impacto negativo de estas actitudes denominadas genéricamente posiciones anti-vacunas llevó a la OMS a declarar el escepticismo sobre las vacunas como una de las 10 prioridades sanitarias del pasado año“.

Bosch, cuya investigación contribuyó a identificar el virus del papiloma humano (VPH) como agente causal de la mayoría de los cánceres de cuello de útero, conoce muy bien el efecto que pueden tener las tesis contrarias a las vacunas en la salud de la población a nivel mundial. “En contraste con el virus SARS-CoV-2, para los VPH disponemos de vacunas muy eficaces y desde este año 2020 contamos con una estrategia mundial de prevención coordinada por la OMS”, explica Bosch. Pero añade, “posiciones opuestas a estas campañas y actitudes claramente anti-vacunas han boicoteado temporalmente la vacunación en algunos países como Japón, Colombia o Dinamarca”.

 

Los argumentos anti-vacunas, rebatidos

 

En este sentido, Bosch destaca aspectos relevantes para interpretar los resultados que se irán publicando sobre los estudios en marcha y discute algunos de los argumentos típicamente usados por el movimiento anti-vacunación:

1.- Reducción de la percepción del riesgo.Es probable que el confinamiento general o la llegada de tratamientos reduzca la percepción del riesgo. Las vacunas contra el SARS en 2002 o el MERS en 2012 nunca llegaron a estar disponibles porque desarrollarlas dejó de ser prioritario cuando el brote inicial se controló con medidas sanitarias y asistenciales”, explica Bosch.

2.- Posible eficacia parcial de la vacuna. “Podría ser que la vacuna de la Covid-19 resultara eficaz parcialmente, de un modo inferior a las expectativas que comúnmente tenemos de las vacunas, lo que frenaría el entusiasmo para lanzar una vacunación universal”, explica el doctor Bosch, citando el ejemplo de la vacuna de la gripe, de una eficacia en torno al 50-60% y con unas coberturas vacunales en Europa que se suelen estancar en torno al 30% de la población.

3.-No habrá vacunas para toda la población, inicialmente.Los criterios de prioridad sobre qué grupos de población deben acceder a la vacuna se deberán discutir y explicar bien. Es probable que los países más pobres tengan más dificultades para acceder a la vacuna”, argumenta Bosch.

4.-Una financiación en detrimento de otras políticas sanitarias. Según Bosch: “Será necesario financiar la producción y la campaña de vacunación para asegurar también la cobertura en los países con precariedad sanitaria. Habitualmente, cuando se hacen inversiones masivas en una patología, como sucede ahora con la Covid-19, se tienden a restringir recursos para otros programas de salud. En distintos países ya se han interrumpido programas de vacunación infantil de otras patologías para redirigir recursos al control de la pandemia y el confinamiento”.

5.- Posible falta de transparencia sobre conflictos de interés. “Habrá que comunicar cuidadosamente la estrategia de vacunación, ser estrictos con la política de transparencia e informar de conflictos de interés potenciales de los investigadores, que es el talón de Aquiles de la imprescindible colaboración entre la industria y la academia”, explica el profesor Bosch.

6.- Argumentos infundados sobre la inseguridad de la vacuna. Los criterios de seguridad de las vacunas o sus adyuvantes siempre han sido esgrimidos por el movimiento anti-vacunas contra prácticamente todas las vacunas a pesar de la experiencia acumulada en programas de vacunación generalizada internacionales”, según Bosch, por lo que es probable que estos argumentos afloren también en el caso de la Covid-19 aunque no haya datos objetivos ni estudios controlados que lo sugieran.

7.- Politización de la vacunación y noticias falsas. La rivalidad entre algunos partidos y la politización de la vacunación tiende a adoptar posiciones emocionales y extremas en tiempos de crisis, tanto a favor como en contra”, explica Bosch. “Las noticias falsas sobre Covid-19 ya circulan abundantemente en los medios sociales y ello representa un caldo de cultivo para cualquier opinión escéptica o claramente anti-vacunas”, afirma Bosch.

8.- Actitudes obstinadas aunque se demuestren incorrectas. “A pesar de la evidencia científica masiva, las actitudes anti-vacunas rara vez reconocen ni justifican sus errores”, afirma Bosch. “Esto forma parte de una estrategia para poder repetir una y otra vez argumentos erróneos que a menudo están relacionados con otros intereses, como la venta de medicinas alternativas y los pleitos a la gran industria productora de vacunas”, según Bosch.

Noticia adaptada e inicialmente publicada en: https://www.uoc.edu/portal/es/news/index.html

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